Balance de blancos sobre la base naranja: por qué lo cambia todo
· 3 min de lectura · Fran YitaniQué es la base naranja
Todo negativo de color (proceso C-41) lleva una máscara naranja. No es un defecto: la película la incorpora a propósito para corregir impurezas de sus propios tintes, y en el laboratorio de toda la vida se compensaba con los filtros de la ampliadora. Cuando fotografías el negativo con una cámara digital, esa máscara sigue ahí: es el naranja que ves en el rebate y que tiñe todo el fotograma. Convertir el negativo es, en buena parte, quitarla.
El problema no es la máscara, es el archivo
Un JPEG guarda cada canal —rojo, verde, azul— con 8 bits: 256 niveles, del 0 al 255. Y un JPEG ha pasado ya por el balance de blancos de la cámara: lo que se guarda no es lo que vio el sensor, es lo que la cámara decidió que era «correcto» para una escena normal.
Un negativo no es una escena normal. Es una lámina naranja iluminada por detrás. Con el balance de blancos de luz de día, la cámara la trata como una foto muy cálida: el rojo va alto, el verde a medias y el azul, que en un negativo ya es el canal más débil, se queda pegado al suelo. En un JPEG de un negativo de color hecho así, una parte enorme de los píxeles llega con el azul a cero. Y en 8 bits un cero no es «poco azul»: es ningún azul en esa zona. No queda información que recuperar, y ningún programa puede inventarla.
Al invertir ese archivo, el azul ausente se convierte en amarillo ausente: un positivo que tira a magenta y a azul en las sombras. Es el fallo más habitual con diferencia, y no viene del revelado: viene de la captura.
La solución, en la cámara
La cámara puede compensar la máscara antes de guardar el archivo. Es el balance de blancos personalizado (custom white balance, preajuste manual, según la marca): le enseñas a la cámara algo que debe ser neutro, y ella reparte la ganancia de los tres canales para que lo sea. Si eso que le enseñas es la base naranja, la cámara sube el azul y baja el rojo justo lo que hace falta, y el JPEG resultante tiene los tres canales repartidos por el histograma en vez de uno aplastado. Después hay con qué trabajar.
Cómo se hace
- Monta el negativo en la luz como si fueras a fotografiarlo.
- Encuadra una zona sin exponer: el rebate entre fotogramas, o mejor la cola del carrete, que es solo máscara. Que llene el encuadre o casi.
- Haz una foto de eso (algunas cámaras lo hacen en el propio menú del balance).
- En el menú de balance de blancos, elige «personalizado» y señala esa foto como referencia.
- Deja ese balance puesto para todo el carrete. Si cambias de película, repítelo: cada emulsión tiene su naranja.
Sabrás que está bien porque el rebate, en la pantalla de la cámara, pasa de naranja a un gris casi neutro, y el fotograma se ve como una foto extraña en tonos grises y cian en vez de una foto naranja.
Y en RAW, ¿da igual?
Sí. Un RAW guarda lo que vio el sensor, en 12 o 14 bits, y el balance de blancos es solo una anotación que se aplica después: se puede cambiar sin perder nada. En un JPEG el balance ya está cocinado: es ahora o nunca.
Blanco y negro
Un negativo de blanco y negro no lleva máscara naranja, así que el balance de blancos importa mucho menos: cualquier balance razonable da un archivo con los tres canales parecidos. Lo que sí importa es lo de siempre: no quemar la base y no aplastar las sombras.
Si ya tienes los negativos fotografiados sin esto
Se puede sacar un positivo razonable de casi todos, pero el azul que falta no vuelve, y se nota en las sombras y en la piel. Si el carrete te importa, merece la pena volver a fotografiarlo con el balance bien hecho: es un minuto por carrete y lo cambia todo.
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